Historia de un abandono

Historia de un abandono

La demencia senil ha obligado a Winston Saavedra a lanzarse a la calle y vivir en estado de abandono. Su hijo, desesperado, ruega que sea recibido en un albergue, pero sus plegarias no han sido escuchadas.
Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on telegram
Share on email

Actualización:

Cuarenta días después de publicada esta historia, el MIMP sigue sin internar a Winston Saavedra en un albergue. Es más, desde hace dos semanas el anciano de 84 años está nuevamente desaparecido.

El mismo día en que EL FOCO publicó el caso de Winston, el MIMP se comunicó con nosotros vía Twitter. La institución que dirige la ministra Silvia Loli pidió los contactos y prometieron poner énfasis. Sin embargo, no hicieron nada.

Ayer, martes 20, la autora del reportaje, María del Carmen Yrigoyen, se comunicó con el MIMP y conversó con Katherine Castillo, jefa de la Dirección de Personas Adultas Mayores.

Comunicación del 11 de junio, vía Twitter, del MIMP con EL FOCO. Han pasado 40 días y siguen sin ver el casi de Winston.

“Se ha estado haciendo seguimiento al caso vía telefónica, coordinando con los hijos también, realizando acciones de sensibilización para que sepan cuáles son las consecuencias legales de no asumir sus deberes. Dijeron que tenían la intención de asumir el cuidado del padre, que iban a dar dinero para ingresarlo a una residencia privada”, dijo Castillo.

Winston tiene otros dos hijos, uno vive en Santiago de Surco y otro en Chiclayo.

Lo cierto es que solo uno de los hijos, el que vive en Chiclayo, ha señalado con cuánto podría cooperar: 200 soles. Y eso no alcanza para un albergue particular. Pese a lo dramático del caso, los funcionarios del MIMP se niegan a internar a Winston en una residencia pública. Insisten en que los familiares deben hacerse responsables y que debe primar el derecho de aquel a vivir en familia.

Anuncio publicado en Facebook el17 de julio sobre la nueva desaparición de Winston.

La última desaparición de Winston ocurrió el 29 de junio. Un día antes el anciano intentó salir de la casa, pero María, la madre de su hijo, se interpuso en su camino, y Winston le pegó. Su hijo José corrió a defenderla. El anciano desistió a regañadientes.

Por la madrugada, sin embargo, cuando todos dormían, se fue. Los funcionarios del MIMP se enteraron de la desaparición del hombre recién el último lunes 19, cuando EL FOCO los llamó preguntando por su inacción en el caso de Winston.

Texto original:

El pasado domingo, mientras el país decidía a su futuro presidente, José Saavedra Pérez, de 45 años, esperaba noticias de su padre. Durante los últimos tres años, Winston Hipólito Saavedra Dávila, de 85, ha vivido más tiempo en la calle que con su familia. Apenas recuerda quién es. Se ha olvidado de su nombre y de su tierra, Chiclayo. Cree que sus padres todavía viven, aunque no recuerda cómo se llamaron. No sabe cuántos hijos tiene ni se acuerda de las mujeres que los parieron.

Solo de vez en cuando reconoce a José, el menor de sus hijos, con quien vive en la zona 6 de José Gálvez, en Villa María del Triunfo. A María Adriana Pérez, madre de José, la confunde con una celadora. Por eso, intenta siempre escapar de ella y ha llegado, incluso, a amenazarla con darle palazos si no lo libera. “Mi papá no era así antes de la demencia. Era chévere”, asegura José.

Los primeros signos de la demencia senil que Winston Saavedra padece aparecieron en el 2018. En esa época trabajaba como vendedor ambulante de king kong y alfajores. Un día no supo cómo volver a casa y su hijo José fue a auxiliarlo. “Le pedí que no volviera a salir solo”, dice José. Pero en cuanto este se iba a hacer taxi, Winston aprovechaba para salir también a cachuelearse.

José Saavedra sostiene la solicitud del MIMP para que el Centro de Salud Mental de Villa El Salvador atienda a sus padres. María Pérez, la madre, vive en angustia por las constantes crisis de Winston, quien ha llegado a amenazarla con palos. (Foto: Fabiola Granda)

En una oportunidad, se fue a cobrar el bono de Pensión 65. De regreso a casa, ese dinero se perdió. El hombre no podía explicar qué había pasado.

Los olvidos y las desorientaciones se hicieron reincidentes y Winston volvió a perderse. “Bajaba por el cerrito. Agarraba cualquier carro y se iba adonde se lo llevaran. Mis vecinos me pasaban la voz cuando se daban cuenta. Los agentes de la Comisaría de José Gálvez también me lo han llevado”, cuenta.

–¿Qué ha pasado?, le preguntó José a su padre.

–No me acuerdo. Mi primo me ha traído.

–¿Tu primo? ¡Papá, es la policía!

–No, es mi primo –insistía–. Hemos quedado en tomar unas cervecitas.

Desde entonces, Saavedra Dávila ha sido atendido por las comisarías de Santa Anita, Pachacámac, Lurín, Chacarilla, Pueblo Libre, Carmen de la Legua, Callao y Monterrico. “Cuando lo recogí de la Comisaría de Monterrico, mi papá estaba durmiendo en el patio. El comandante me gritó pensando que era un mal hijo. No sabía lo que yo estaba pasando. Le expliqué la situación. ‘Yo quiero a mi papá. Ayúdenme a verle un albergue’, le pedí. Me respondió que eso tenía que tramitarlo en mi distrito, pero cada vez que he intentado hacerlo me han mandado a otro lado”, dice.

José Saavedra llevó a su padre de vuelta a casa e intentó convencerlo de quedarse hablándole de la covid-19.  “¿Pandemia? ¿De qué hablas, hijo? Déjame ir a trabajar”, le insistía.

A mediados de febrero de este año, Winston Saavedra fue encontrado en Pachacámac en estado de indigencia. Llevaba casi un mes perdido.

En enero de este año, mientras José transportaba unos muebles en Villa El Salvador, Winston sufrió una crisis. Cogió un listón de madera y, agitándolo, amenazó a María para que lo deje salir: “¿Quién es usted? ¿Por qué me tiene capturado?”. La mujer, asustada, retrocedió y le señaló la puerta.

Un mes después, Martín Milla, director de un albergue para niños en estado de calle, encontró al anciano mendigando en Pachacámac. Lo llevó a su local, lo aseó, le dio de comer y lo acompañó al Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP) para que fuera admitido legalmente en un hogar.

“Solicitamos protección para él, pero el personal del MIMP se excusó de recibirlo. Dijo que, de acuerdo con el decreto legal 1474, debía ser llevado a una comisaría para el reconocimiento de la identidad, la búsqueda de parientes y la entrega a la familia. Los agentes de la Comisaría de Alfonso Ugarte me dijeron que se encargarían de él”, recuerda Milla.

Al rato vio como Saavedra Dávila era trasladado a la dependencia policial en la tolva de un patrullero. “Como si se tratara de un paquete”, agrega.

A la mañana siguiente, llamó para saber qué había pasado con el anciano. Entonces los agentes le informaron que lo habían trasladado a la Comisaría de Pachacámac para que ellos se hicieran responsables. “Esa noche, Winston durmió en el patio de la comisaría”, cuenta.

María Pérez, la expareja de Winston, es en la mente de este una celadora. Por lo que varias veces ha amenazado con agredirla. (Foto: Fabiola Granda)

Tras revisar sus huellas, los policías de Pachacámac dieron con su nombre y dirección y dejaron a Saavedra con su hijo. “Una semana después me llamaron de la Comisaría de Santa Anita para decirme que habían vuelto a encontrar a Winston en la calle”, recuerda Martín Milla. Así que él mismo fue a visitar a José para ver qué estaba ocurriendo.

José le explicó que ni tenía la capacidad ni los recursos para cuidar de su padre y entre ambos volvieron a insistirle al MIMP para que le brindara una residencia especial a Winston, con personal capacitado. Milla dice que los funcionarios volvieron a excusarse detrás del Decreto Legislativo 1474. “Pero la norma no suspende la responsabilidad del MIMP de otorgar medidas de protección al adulto mayor”, se queja Milla.

De hecho, el decreto confirma que el MIMP no debe tardar más de 48 horas para garantizarle un techo a los ancianos en estado de abandono, previa evaluación médica, social y psicológica, incluyendo “aquellos exámenes relacionados con la emergencia sanitaria, es decir, mediante los cuales se comprueba si la persona adulta mayor tiene covid-19”.

Esas medidas nunca se dieron. Todo lo que hicieron los funcionarios fue contactar a José con el Centro de Salud Mental de Villa El Salvador. “Después de eso, un equipo médico vino a mi casa para hacerle unas preguntas a mi papá y diagnosticarlo. Prometieron volver. Dijeron que era importante que iniciara un tratamiento”, recuerda José.

El 2 de marzo Winston volvió a escapar. “Mi mamá veía las noticias y me pedía que fuera a la morgue: ‘He visto un abuelito que ha caído al río. Puede ser tu papá’. Yo me negaba a creerlo”, dice José.

Winston Saavedra y María Pérez hace cuarenta años. Entonces él era chofer de una empresa de transporte público. José Saavedra, el hijo de ambos, ya había nacido. (Foto: Fabiola Granda)

A fines de mayo apareció una foto de su padre en una cuenta de Facebook de vecinos de Villa María del Triunfo. Lo habían visto sentado en un muro, desorientado. José quiso contactar a la autora de la publicación para pedirle alguna seña, pero la mujer nunca le contestó.

“Fui a la policía para pedir que me ayuden a buscarlo, pero me mandaban de una comisaría a otra”, asegura. Así que José decidió pedir apoyo a la Defensoría del Pueblo.

Recién entonces sintió que era escuchado. La noche del último martes 8 de junio recibió una llamada de la comisaría de San Genaro, Chorrillos. Su padre había reaparecido.

“Está muy demacrado, golpeado, muy cochino y sin zapatos”, cuenta José. Antes de que se lo llevara a casa para asearlo, los policías le regalaron una chompa y un gorro de tela.

La mañana del miércoles Winston ya quería volver a la calle. Nuevamente José tenía el tiempo en contra para convencer al Estado de admitir a su padre en un asilo.

Deja una respuesta

Únete a nuestra comunidad de suscriptores en Patreon

Apoya el periodismo sin intocables

Suscríbete

Últimas publicaciones: