El fuego sordo

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Óleo del pintor peruano Juan Lepiani, "El último cartucho", recrea los últimos instantes de vida del coronel Francisco Bolognesi defendiendo el Morro de Arica durante la Guerra del Pacífico.

“Sí, pero quién nos curará del fuego sordo…”

Julio Cortázar

Estas semanas resulta inevitable pensar en Bolognesi al mando de hombres mal alimentados y escasas municiones, esperando en Arica a un invasor que lo supera en número y en recursos, enviando telegramas a Piérola y soldados a Lima para pedir refuerzos. Bolognesi, el que tenía deberes sagrados que cumplir, fue abandonado a su suerte por rencillas políticas en uno de los peores capítulos de la historia del Perú. Para Piérola, quien acababa de dar un golpe de estado, Bolognesi y todo el Ejército del Sur eran leales al presidente Mariano Ignacio Prado, es decir, eran enemigos. Impensable enviar ayuda. Mejor dejarlo morir a manos de Baquedano.

Han pasado 140 años de la defensa de Arica y hay otra guerra que estamos perdiendo, mientras los peruanos somos testigos de una nueva pugna entre poderes. Es la vieja historia de Huáscar y Atahualpa, con el verdadero enemigo avanzando impertérrito. La Sala Situacional del MINSA nos dice que todos los días se cae un avión. Más de 200 muertes al día y solo en cifras oficiales. Para fin de año contaremos los muertos por cientos de miles. Ni Sendero Luminoso fue tan destructivo, pero el Perú sigue siendo el Perú y nuestra clase política prefiere dedicarse a perder el tiempo.

Desde que tengo uso de razón mi país ha sido un botín, algo que se tenía que robar. Así lo vieron los españoles y los criollos que recibieron la posta de este país de desconcertadas gentes. Porque eso es lo que nos dejaron 300 años de Virreinato, es lo que ven las mafias que capturan el poder político para perseguir sus intereses personales y es lo que hace de este país el país del tarjetazo, del hermanito, de la plata que llega sola, pero también lo convierte en el país del coche bomba, de las torres derrumbadas −como dice la canción−, del Autogolpe del 5 de abril, y hoy por hoy es el país de la pandemia, de la cuarentena que no sirvió, de la vacancia presidencial tramada en las sombras por ese que se cree Paniagua.

Desde que tengo uso de razón mi país ha sido un botín, algo que se tenía que robar. Así lo vieron los españoles y los criollos que recibieron la posta de este país de desconcertadas gentes. Porque eso es lo que nos dejaron 300 años de Virreinato, es lo que ven las mafias que capturan el poder político para perseguir sus intereses personales y es lo que hace de este país el país del tarjetazo, del hermanito, de la plata que llega sola

Los libros de historia dicen que luego de que perdimos la batalla del Alto de la Alianza, el general Montero había planeado hacer volar Arica. La decisión de Bolognesi de continuar la lucha hasta quemar el último cartucho ha quedado grabada con fuego en nuestra identidad nacional, llena de derrotas, héroes que son mártires y fracasos, honrosísimos fracasos. La idea de hacer estallar el Morro de Arica en pedazos me hace pensar en los políticos que hoy nos están llevando al caos como si quisieran destruirlo todo, dejar que el fuego sordo nos consuma en plena pandemia para culpar al enemigo. Recordemos que el peor enemigo de un peruano es otro peruano, como dice el refrán, y que el enemigo de mi enemigo es mi amigo.

Pocas veces el Perú se ha enfrentado a un futuro tan incierto, a puertas de una crisis económica sin precedentes, frente a una masacre que se ha cebado a 50,000 víctimas mortales en cuatro meses, con millones de empleos perdidos, una informalidad galopante, índices de pobreza que se disparan y el peligro latente de que el Congreso –el único virus que se disuelve y se recompone en la peor versión de sí misma– nos haga retroceder a viejas épocas en que caudillos militares se arrancaban el poder de las manos a punta de golpes de estado.

Sí, es peligrosísimo lo que se viene gestando en los pasillos del Poder Legislativo. La pandemia y la crisis política, junto a la campaña electoral que empieza, confluyen para formar una tormenta perfecta. Por eso los peruanos debemos estar atentos a que nuestras autoridades no pongan lo urgente sobre lo importante. Recordemos que estamos viviendo una guerra y que la estamos perdiendo. Muchos héroes anónimos están luchando por la vida en la primera línea de batalla, abandonados a su suerte, como en Arica, sin recursos ni oxígeno en hospitales a lo largo y ancho del territorio nacional. Parece mentira, pero a otros les gustaría hacer estallar este país como si fuera el puerto de Beirut. Lo más triste es que tienen los votos.

Esta entrada tiene un comentario

  1. vicktor

    Siempre hubo traidores en el Peru,se suele decir cuando un barco se hunde hasta las ratas corren
    Pierola fue un traidor se fugo dejando al libre albedrío a su gente como se puede ira una guerra sin armas cuando el imperio Ingles surtió de armas a los Chilenos.

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