Una década sin Armando Robles Godoy

Una década sin Armando Robles Godoy

El director de La muralla verde es el primer cineasta de autor que tuvo el Perú. La próxima semana se presentará un libro recordando su etapa como crítico de cine durante los años sesenta.
Fernando Pinzás

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Armando Robles Godoy siempre recordaba que la primera vez que asistió al cine fue de niño junto a su padre, el creador de El Cóndor Pasa, Daniel Alomía Robles. Eran los años veinte en Nueva York, épocas de prohibición y cuando el cine todavía era silente. Entonces el pequeño Armando le traducía en voz baja a su padre, que no sabía inglés, los carteles de esas películas mudas.

El 10 de agosto del 2010, hace diez años exactamente, cuando todavía no eran tan común lamentar la muerte de importantes figuras de la cultura, Robles Godoy dejó este mundo. A veces incomprendido y otras admirado, Robles Godoy no fue solo el iniciador del cine moderno en el Perú sino un intelectual provocador, de una claridad que se hace necesaria en estos días de confusión.

¿Cómo hubiera hecho el cineasta en esta época? Su hija, la poeta y periodista, Marcela Robles responde: “Supongo que igual que enfrentó su propia muerte mientras estuvo lúcido y consciente, con una extraña mezcla de serenidad e insólito regocijo. Y, obviamente, no por indiferencia frente al sufrimiento ajeno, sino en el sentido al que se refería Nikos Kazantzakis a través de su memorable personaje Zorba el griego (que Michael Cacoyannis convirtió en un hermoso filme), quien, cuando todo se venía abajo decía: ‘Qué hermosa catástrofe’”.

Había en Robles Godoy, además, un crudo escepticismo sobre el hombre. “Mi padre sostenía que la especie ya había fracasado, pero sin embargo era capaz de emocionarse hasta las lágrimas frente a la creatividad humana”, recuerda su hija. La conmemoración de la partida de Robles Godoy coincide con el aniversario 50 de La Muralla Verde, considerada como su obra maestra y, a decir de muchos críticos, como una de las mejores del cine peruano.

Para entender la obra filmográfica del pionero del cine de autor en el Perú, es necesario recordar el contexto previo. Atrás habían quedado los tiempos dorados de Amauta Films, en los años 30. Ya en los 60, se hacían coproducciones con México, enfocadas en el melodrama y la comedia. Salvo la Escuela del Cusco (con Kukuli como su mejor representante), el cine peruano aún buscaba una identidad. Así, en su calidad de cinéfilo y de narrador, Robles Godoy empezó a escribir sobre cine para el diario La Prensa.

Esta etapa ha sido estudiada por el crítico de cine y docente Emilio Bustamante, que ha recopilado y analizado estos textos en el libro La batalla por el buen cine. Armando Robles Godoy. Textos críticos 1961–1963. La obra, que va bajo el sello del Fondo Editorial de la Universidad de Lima, será presentada el próximo 29 de agosto a las 8 p. m. en el marco de la edición virtual de la Feria Internacional del Libro.

Bustamante sostiene que la etapa como crítico de Robles Godoy fue decisiva para su desarrollo como cineasta, que comenzó en 1965 con el largometraje Ganarás el pan. “Y es que la meta de Robles Godoy al escribir sobre cine era terminar dirigiendo”, dice Bustamante. Robles Godoy no es solo el iniciador del cine de autor en el Perú, sino que también introdujo una nueva forma de hacer crítica, pues veía al cine como un arte.

Hay un antecedente con María Wiesse, quien escribía para Amauta y que consideraba que apreciar el cine abre la puerta para apreciar otras artes. Luego viene una etapa de crítica periodística que enfoca al cine como espectáculo, se hace una crítica al argumento o se habla de las estrellas. Robles marca el comienzo de una crítica moderna, que toma en cuenta el lenguaje cinematográfico. Hace una defensa del cine moderno, de la Nueva Ola Francesa, de los directores, pos neorrealismo italiano como Federico Fellini o Michelangelo Antonioni y una defensa del cine como arte más que como espectáculo”, explica Bustamante.

 

La nueva publicación de Bustamante, con el Fondo Editorial de la Universidad de Lima, es una de las novedades de la Feria Internacional del Libro.

 

Los 60 fue una época revolucionaria también para el cine. Robles Godoy estuvo a la altura y mostró un gran interés por estos nuevos directores. Como apunta Bustamante, en las críticas que ha recopilado para este libro, se demuestra el interés que manifestó por Alain Reisnais y Andrei Tarkovski, que acababa de estrenar La infancia de Iván. Robles Godoy fue también un activista del cine, y desde sus páginas en La Prensa impulsó que La Aventura de Antonioni sea exhibida completa y sin cortes de los distribuidores, que creían que la película era muy “larga”.

El libro de Emilio Bustamante también aborda las polémicas a las que se enfrentó. En 1961, Robles Godoy buscó resarcir a Resnais, a quien un crítico había lapidado por Hiroshima Mon Amour. “Cada película de Resnais es un golpe contra la crítica conservadora”, escribió a raíz del estreno de El año pasado en Marienbad.

Robles Godoy nunca se llevó bien con los críticos que fueron muy duros con su obra. Una de las polémicas más recordadas fue en la histórica revista Hablemos de cine, a raíz del estreno de En la selva no hay estrellas en 1967. Ahí, Robles Godoy protagonizó una intensa entrevista con Desiderio Blanco en la que contrastan posturas sobre la realización cinematográfica. Lo de Robles Godoy y Blanco eran, prácticamente, dos visiones distintas de la vida.

Son dos concepciones del cine, ambas modernas y, sin embargo, casi irreconciliables. La de Robles Godoy es interpretar las películas como una construcción del lenguaje y la versión de Hablemos de cine, estaba muy inspirada en las del crítico francés André Bazin, que era concebir las películas como medios para conocer la realidad, mas allá de las apariencias. En esa entrevista incluso se plantean como rodar determinada escena. Juan Bullita y Desiderio Blanco dicen que determinada escena debe ser en plano secuencia, mientras que Robles Godoy explicaba por qué puso la cámara en la posición en la que la puso”, anota el investigador, quien es docente de la Universidad de Lima y la PUCP.

 

Robles Godoy antes de ser cineasta, cuando escribía para La Prensa. Fuente: Archivo familiar.

Emilio Bustamante fue alumno de Robles Godoy en 1984, en el taller de cine que dictó en el Instituto Italiano de Cultura. Entre sus compañeros de curso estaban personajes como la historiadora de cine Violeta Núñez, el documentalista Javier Corcuera, el actor Pablo Serra (quien por entonces participó como El Poeta en La ciudad y los perros), el fotógrafo Jorge Sarmiento y el líder de la banda punk Guerrilla Urbana, José Eduardo Matute, entre otros. En este libro, anota precisamente esa vocación docente que ya se mostraba en las páginas de La Prensa, donde el futuro cineasta enseñaba sobre planos, ángulos, cómo filmar, animando a los lectores a conocer el lenguaje y hacer sus propias películas.

En el 2005, Sebastián Pimentel y Claudio Cordero, de la recordada revista Godard!, en un acto de justicia y de cierta provocación, eligieron a La Muralla Verde como la número 1 en un dossier titulado “Películas peruanas que importan”. Con esta publicación, se buscó revalorar la obra del cineasta, que ya para entonces estaba alejado de las cámaras. Los críticos de Godard!, además, le realizaron un homenaje en el Centro Cultural España, algo que Cordero recuerda ahora como “quizás lo mejor que hicimos como revista”.

Robles Godoy siempre decía que los críticos son una mierda, pero después de ese homenaje dijo que su opinión iba a cambiar. La crítica no había valorado, en su momento, a La Muralla Verde ni a sus otras películas. No era visto como un cineasta a tomar en serio. El gran cineasta era Francisco Lombardi”, recuerda Cordero.

En efecto, tanto Cordero como Bustamante coinciden en que Lombardi y Robles Godoy son las dos principales caras del cine peruano. Uno, en los códigos del cine narrativo y de género y el otro, en un cine más personal.

Sobre La Muralla Verde, Bustamante anota “tiene esta cosa muy emotiva, basada en una experiencia personal”. La película se basa en un cuento escrito por Robles donde recuerda sus años de colono en la selva y los obstáculos, tanto de la naturaleza como de la burocracia, que tuvo que enfrentar. “Tiene momentos deslumbrantes, como ese travelling cuando el padre lleva al niño en brazos y la escena final, que es muy emotiva”.

Cordero, por su parte, señala que La Muralla Verde, por las condiciones en las que se hizo y por sus valores artísticos, es la película peruana “con más mística que ha visto”. “Es por la envergadura de hacer una película tan ambiciosa, sin precedentes. Ambiciosa artísticamente, superando a En la selva no hay estrellas. Creo que todo eso la convierte en una película insuperable en muchos aspectos, con un lenguaje insertado en la modernidad cinematográfica”.

Otra de las cintas recomendadas de Robles Godoy es Espejismo, de 1972, que sigue la misma línea de sus predecesoras. Robles Godoy luego hizo solo dos largos más: Sonata Soledad (1987) e Imposible Amor (2000), que, si bien no tuvieron los mismos resultados, vale la pena ver para tener una opinión propia. Eso sí, Robles Godoy tuvo buena producción como cortometrajista y se le recuerda por ser el impulsor de la Ley de Cine de 1972, para lo cual tuvo que hablar con el mismo general Juan Velasco Alvarado.

En cuanto a sus cortos, Bustamante confiesa que la cuarentena por la que hemos pasado le hizo recordar a muchos Vía Satélite… en vivo y en directo, producción que muestra a una Lima totalmente vacía, pero por motivos menos trágicos: todos estaban viendo los partidos de eliminatorios entre Perú y Chile para el Mundial de 1974.

Robles Godoy hizo suyo el principio de “Épater les bourgeois”. Muchos recuerdan su intervención, junto a su gran amigo Marco Aurelio Denegri en un programa de RBC Televisión, a mediados de los 80, donde se debatía sobre la pornografía. Cara a cara, el cineasta le dijo a un indignado monseñor Durand: “Si Ricardo Durand Flórez no existiera, habría que inventarlo”. Rápidamente, el religioso le pidió repetir la frase y así lo hizo Robles, sin dejar de mirarlo a los ojos: “Qué si tú no existieras, habría que inventarte, porque eres imperfecto…”. A su lado, estaba el doctor Luis Giusti, político conservador, fundador del PPC y enemigo de los métodos anticonceptivos. “Muchas gracias por permitirme que esté al medio. Es un poco obsceno porque es un trío”, dijo Robles Godoy esa vez con su irreverencia única. En otro momento, ante el asombro del arzobispo y de Giusti (y una audiencia bastante conservadora) dijo frases como “muy a mi pesar confieso que no he practicado el homosexualismo”, “el bisexualismo es una etapa de evolución sexual del ser humano”, “quizás si hubiera nacido hoy día adquiriría el camino del bisexualismo”, “la masturbación si la he practicado y la practico”. No por gusto lo llamaban “Armando Líos”.

Además del libro de Emilio Bustamante sobre sus críticas de cine, la familia de Robles Godoy prepara para el próximo año una reedición de su obra de cuentos La muralla verde y otras historias, a través de Penguin Random House. Otra tarea pendiente es restaurar algunas de sus películas y sus cortos y ponerlos en streaming. Ganarás el pan ya está irremediablemente perdida, pero las demás obras de Robles Godoy aún están en distintos archivos cinematográficos. Algunas están subidas a YouTube y otras están en la PUCP o han sido proyectadas en la sala de cine que lleva su nombre, en el Ministerio de Cultura.

A continuación, algunos enlaces a sus películas más representativas. Comienza la función.

 

 

 

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