En la base de la Fuerza Aérea del Perú en el Callao, hay 13 aviones de la desaparecida aerolínea Aero Continente que se han convertido en chatarra. Las aeronaves pertenecieron al narcotraficante Fernando Zevallos, alias “Lunarejo”, y valieron más de USD 1000 millones. Hoy, debido al abandono de los distintos gobiernos, las naves no valen nada.
EL FOCO accedió a imágenes exclusivas de los 13 aviones, a los cuales se les ha saqueado las alas, puertas, ventanas, equipos de navegación y hasta los motores. Además se accedió a una serie de documentos que dan cuenta de la negligencia de las autoridades en su cuidado. Entre ellas se encuentran el Ministerio de Transportes y Comunicaciones, la Dirandro y la Fuerza Aérea del Perú (FAP).
Esta historia inicia en los años noventa, cuando Aero Continente era la principal aerolínea del Perú y contaba con una moderna flota de 13 aviones: siete naves eran modelo Boeing 737, valorizados USD 100 millones; tres eran Boeing 727, valorizados en USD 22 millones; y dos eran Fokker F-28, valorizados en USD 20 millones.

En su tiempo estos bienes pertenecieron a la lujosa flota del narcotraficante Fernando Zevallos Gonzales, alias “Lunarejo”. Una investigación de la Dirección Antidrogas de la Policía Nacional (Dirandro), la Administración de Control de Drogas de Estados Unidos (DEA), la Fiscalía y Procuraduría Antidrogas del probaron que, detrás de su fachada de empresario exitoso, Zevallos era uno de los más grandes capos del narcotráfico internacional de su época.
En el 2006, al año siguiente de la condena de Zevallos por tráfico de drogas, la Fiscalía llegó al aeropuerto Jorge Chávez para incautar las aeronaves y asegurar el pago de la reparación civil. Pero, cuando los fiscales fueron a ver los aviones, se dieron con una sorpresa: las naves habían sido canibalizadas. Es decir, se habían robado gran parte de sus piezas.

¿Qué instituciones estuvieron a cargo de cuidar los aviones? Al inicio, la responsabilidad fue del Ministerio de Transportes y Comunicaciones junto a la Dirandro. En 2007 el Poder Judicial ordenó a la FAP que se hiciera cargo de la custodia de las naves, pero la institución incumplió el mandato judicial.
En 2013, la FAP reapareció para recibir el encargo y firmó un acuerdo con el MTC para tener la custodia compartida de las aeronaves, mientras que la seguridad seguiría a cargo de la Dirandro. Fue entonces que los 13 aviones fueron trasladados desde un local del MTC hacia la base aérea de la FAP, al costado de aeropuerto Jorge Chávez, donde permanecen hasta el día de hoy.
“Al ingresar al local, se aprecian los aviones en número trece, los cuales se encuentran inservibles, no se aprecian equipos en los aviones. Se observaron en mal estado para el propósito de volar, las ventanas de los aviones no existen, así como los equipos interiores”, dice el acta de traslado.

El estado “irrecuperable” de los aviones fue confirmado por la Sala Penal Nacional en 2015, la cual ordenó derivar las evidencias a la Fiscalía de Corrupción de Funcionarios para que realice una investigación. Dicha investigación nunca se dio.
En el 2015, también, el Poder Judicial ordenó a la Comisión Nacional de Bienes Incautados (Conabi), que asumiera la custodia de las aeronaves. La institución visitó las aeronaves y realizó informes que sugerían su recepción, pero nunca se las llevó. En el 2018 a Conabi pasó a llamarse Programa Nacional de Bienes Incautados (Pronabi), y hasta la fecha sigue sin recepcionar los aviones.

En 2023, presionados por las obras de ampliación del aeropuerto Jorge Chávez, el Ministerio de Defensa tuvo que interceder entre la FAP y el Pronabi para que se retiraran los 13 aviones. Esto se vio plasmado en múltiples comunicaciones oficiales. En octubre último se realizó un acuerdo para su traslado. El Pronabi informó a EL FOCO que ya se están realizando las coordinaciones necesarias para trasladar las aeronaves a un nuevo local.
El MTC, la FAP y la Dirandro no quisieron participar en este reportaje. No se sabe a dónde irán a parar los 13 aviones de Aero Continente, que en su momento valieron mil millones de dólares. Lo único seguro es que no volverán a volar.