En los orígenes de Pedro Castillo

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En los orígenes de Pedro Castillo

La historia del virtual presidente de la República contada desde Tacabamba y Anguía por sus familiares, vecinos y amigos.
Iván Atilano

Iván Atilano

iatilano@elfoco.pe

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El último domingo el distrito de Tacabamba, en la provincia de Chota (Cajamarca), vivió un auténtico carrusel de emociones. En solo cuatro horas pasaron de la alegría expectante, al silencio de los resultados desfavorables a boca de urna, para luego regresar a la algarabía por la remontada en el conteo rápido, y finalmente a la confusión por los primeros resultados de la ONPE.

Cientos de tacabambinos hicieron ese día una vigilia en el exterior de una casa de dos pisos sin tarrajear que funciona como local de campaña de Perú Libre. Pedro Castillo se encontraba dentro y desde el segundo piso hizo un llamado a la calma pero también a defender los votos.

Desde las 7 pm decenas de tacabambinos se reunieron afuera del local de campaña de Perú Libre para ver los primeros resultados. (Foto: Alfonso Silva Santisteban)

Si bien desde Perú Libre le habían pedido a Castillo que espere en Lima el boca de urna para evaluar las estrategias a tomar según los resultados, sus familiares y vecinos lo convencieron de que se quede en su tierra natal. El candidato accedió al pedido, aunque lo justificó diciendo que se debía a la salud de sus padres.

Al cierre de esta nota, la ONPE informó que al 98.09% de actas contabilizadas Castillo obtenía el 50.24% de los votos, mientras su contrincante Keiko Fujimori llegaba al 49.75%. La diferencia de votos es de 85 mil.

Pero, ¿cuál es el origen del profesor rural que ya es el virtual presidente del Perú?

Pedro Castillo tiene 51 años, es tercero de sus nueve hermanos, y escribió su historia caminando. Desde niño, luego de terminar tercero de primaria en la precaria escuela de la comuna San Luis del centro poblado de Puña, en Tacabamba, tuvo que iniciar largos recorridos a pie para ir detrás de su derecho a la educación. Por dos años, caminó cuatro horas al día para ir y venir de la escuela del centro poblado de Chugur, en el distrito de Anguía. Durante la secundaria, la caminata se extendió a seis horas al día para asistir al colegio Arturo Osores Cabrera, ubicado también en Anguía.

En su ruta, Castillo recorría las montañas y caminos fragosos de tierra, lodo y piedras que separaban su vivienda del colegio. Iba y venía de Tacabamba, también llamada la Sucursal del Cielo, y Anguía, dos de los distritos más pobres del Perú, con su poncho para el frío. En sus ascensos atravesaba nubes y se cruzaba con las cosechas de maíz y el ganado de sus vecinos. Al volver a casa, Castillo se dedicaba a su trabajo en el campo para sobrevivir.

Tacabamba tiene más de 15 mil habitantes. En la capital se concentra el comercio y turismo como principales actividades económicas; en los caseríos predomina la agricultura. En Puña, que está a casi dos horas de la capital en carro, la mayoría de viviendas son de adobe y calamina. Mientras tanto, Anguía también se basa en la agricultura y es el tercer distrito con más pobreza monetaria en el país. En Chota, el analfabetismo llega al 19.9% de la población, según el censo de 2017.

Una comerciante de Tacabamba posa para las cámaras fuera de su tienda. (Foto: Alfonso Silva Santisteban)

En la escuela primaria de Chugur, Castillo coincidió con una niña llamada Lilia Paredes Navarro, ahora su esposa, quien también es maestra rural. En ese momento no hubo mayor interacción ya que estaban en grados distintos. La necesidad de conseguir dinero para sus estudios secundarios los alejó por dos años. En ese tiempo, Castillo se dedicó a ahorrar mientras trabajaba en las chacras de Puña y en la Amazonía como jornalero de cultivo de café. Junto a su padre Ireño Castillo (85 años) caminaban ya no horas sino días, comiendo fiambre en la ruta, hasta llegar a Bagua (Amazonas), donde la paga bordea los S/200 diarios.

A su retorno al colegio, Pedro Castillo compartió el aula con Lilia Paredes, pero su enamoramiento se consolidó recién en quinto de secundaria, en 1989. Desde entonces han formado una familia juntos. A los 30 años se casó con ella y tuvieron dos hijos: Arnol y Alondra. También criaron como una hija a la hermana menor de Lilia, Yeni Paredes, luego de que perdiera a su madre. Precisamente, fue Yeni la encargada de celebrar una oración antes de compartir el desayuno con la prensa en su casa en Chugur el día de las elecciones.

Con micrófono en mano, Yeni Paredes da una oración junto a la familia Castillo Terrones al inicio del desayuno electoral. (Foto: Alfonso Silva Santisteban)

Pedro Castillo vive en Chugur desde fines de los 90, se mudó ahí con su familia luego de casarse con Lilia. El sábado último, hermanos, cuñados y primos llegaron de distintos puntos a apoyar con la preparación del desayuno del día siguiente. Ordeñar las vacas, sancochar el maíz, preparar queso fresco, pelar los pollos, fueron las tareas a las que se dedicaron.

El domingo electoral, en la entrada de la vivienda, una docena de ronderos hicieron guardia para cuidar la seguridad de Castillo y de su familiara. “Los ronderos somos los protectores de nuestro pueblo. Acá no llega el Estado así que desde hace mucho tiempo nos organizamos para cuidarnos”, dijo Juvenal, un rondero que también estuvo vigilando la entrada.

Uno de los ronderos se encuentra vigilando la entrada a la casa de Pedro Castillo a las 4 de mañana del domingo 6 de junio. (Foto: Alfonso Silva Santisteban)

Acceder al círculo familiar de Castillo es difícil. Los ataques mediáticos contra el candidato en la segunda vuelta los han puesto a la defensiva. Se mueven con desconfianza en cuanto te identificas como prensa. Esta situación ha llevado a que los ronderos también investiguen la manera en que se informan las declaraciones sobre Castillo. Juvenal cuenta que hace unos días un reportero de televisión los entrevistó y cuando revisaron la emisión final, se percataron de recortes y manipulación. “Cuando le reclamamos, él nos dijo que había mandado el material completo y que fueron sus jefes los que editan todo”, lamentó.

Pero la paciencia es la llave para entablar el diálogo con los familiares que quieren ser escuchados. Amelia Castillo, la hermana menor del candidato, expresó su indignación por las acusaciones de terrorismo contra Castillo. “Que lo llamen terrorista es lo que más nos ha dolido. No entendemos por qué. La gente que lo conoce sabe que no tiene sentido. Hemos llorado mucho acá, pero al final hemos dicho que Dios se encargue”, dijo.

En la conversación con EL FOCO, Amelia rememoró la crianza que les dio sus padres Ireño Castillo y Mavila Terrones a ella y sus hermanos. “Cuando nos veían con algo diferente nos preguntaba de dónde lo habíamos sacado. El día que Pedro nos contó que postularía a la presidencia, mi padre le dijo que si metía las patas donde no debía ya sabe lo que le espera. Mi padre siempre tiene su fuete (látigo) en casa”, sostuvo.

A solo metros de la casa del virtual presidente de la República, se ubica la iglesia Nazareno de Chugur. Con un armazón de madera, este recinto húmedo y decorado a mano, está a cargo del pastor Víctor Cieza Rivera, un hombre delgado de ojos caídos que transmite una paz propio de quien ha vivido lejos del caos de la ciudad. Conoce a Castillo desde 1985. Ambos estudiaron juntos en la escuela Arturo Osores. Si bien Castillo es católico, convive con los evangélicos gracias a su esposa, quien es la secretaria de la iglesia.

El pastor Cieza recuerda con nitidez las caminatas del profesor entre Tacabamba y Anguía. “Siempre caminaba con entusiasmo sin importar la distancia. Repetía que con el estudio lograría cambios para nuestro pueblo. Jamás pensamos que llegaría tan alto”, cuenta Cieza.

El pastor Victor Cieza, muestra el interior de la iglesia del Nazareno de Chugur. (Foto: Alfonso Silva Santisteban)

Caminar por horas sigue siendo hasta ahora el método más usado por los habitantes de los caseríos para movilizarse a las urbes. Llenos de baches y huecos, pegado al precipicio, el sendero que conecta los caseríos no tiene las condiciones mínimas para un transporte público y solo una minoría cuenta con auto o motocicleta. Haber pasado por estas experiencias y que sean parte de su identidad, es lo que lo que marca la confianza de los campesinos hacia Castillo.

“Él (Castillo) sabe lo que es ganarse el pan con el sudor de la frente. Antes de la campaña, él seguía ordeñando sus vacas, cosechando papas y maíz. Acá lo conocemos, hemos trabajado la tierra con él”, cuenta el agricultor José Rosemio, vecino del virtual mandatario.

Todos los vecinos de Castillo coinciden en que la vida en el campo es bella y tranquila, pero que la paga por su trabajo es demasiado bajo. “Por dos sacos de papas solo nos pagan S/ 30 o S/ 40. Tenemos que vender seis sacos para recuperar lo que se gasta en abono. Si sumas la medicina y lo que pagas a los peones, no te queda nada”, señala Rosemio. Por este motivo no les parece descabellada la medida de regular la importación para priorizar productos nacionales específicos, como planteó Castillo.

Tras culminar el colegio, Castillo inició su carrera como profesor rural. Ingresó al Instituto Superior Pedagógico Octavio Mattos Contreras de la provincia de Cutervo en Cajamarca. Se graduó como docente de educación primaria y tras pasar por otros colegios de la región, comenzó a enseñar en el Instituto Nº 10465 de Puña. Castillo pasó veinte años dictando en ese colegio mientras realizaba otras actividades como sindicalista.

Agricultores de Puña observan desde una loma el colegio donde Pedro Castillo enseñó por 20 años. (Foto: Alfonso Silva Santisteban)

En paralelo a la docencia, Castillo asumió la dirigencia no solo de un sector del magisterio sino también en las rondas campesinas. En los caseríos, la defensa de la propiedad privada, entendida como ganado y cosechas, está a cargo de los ronderos. Por costumbre, hecha obligación, los jóvenes a partir de 18 años se unen a estos grupos de autodefensa que gozan de mucho respeto local y cumplen las tareas de vigilancia. Así ocurrió con Castillo.

La incursión en la política de Castillo inició con Perú Posible, partido fundado por el prófugo expresidente Alejandro Toledo, como militante de 2005 a 2017. Postuló sin éxito a la alcaldía de Anguía en 2002. Volvió al escenario político tras ser elegido presidente del Comité de Lucha del Sute-Conare, facción rechazada por el Sutep, y encabezar en 2017 una huelga nacional que paralizó las clases por dos meses mientras se exigía un mejor sueldo y condiciones para los maestros.
Durante la huelga, la Policía denunció ante el Congreso que miembros del Movadef, organización investigada por apología al terrorismo, se habían infiltrado en la protesta sindical. No obstante, el diálogo entre el gobierno y Castillo continuó por tratarse de una minoría.
Su vida en el campo y de enseñanza en su localidad ha llevado a que su comunidad se sienta representada en él. Rosemio sintetiza bien lo que sienten y hace un pedido al maestro de escuela que está a punto de llegar a Palacio de Gobierno: “Le pedimos que no se olvide del pueblo. Tenemos nuestras esperanzas puestas en él. Un hermano campesino será el próximo presidente de mi país. No me despiertes”.
Vecino de Tacabamba reacciona ante el conteo rápido que puso a Castillo sobre Fujimori. (Foto: Alfonso Silva Santisteban)

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