En Palacio de Gobierno también hubo muertos por la COVID-19

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on telegram
Share on email
Share on print

En Palacio de Gobierno también hubo muertos por la COVID-19

Al menos tres trabajadores del Despacho Presidencial fallecieron durante la pandemia. Estos son los testimonios de sus familiares.

Alonso Zambrano

azambrape@gmail.com
Alonso Zambrano

Alonso Zambrano

azambrape@gmail.com
Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on telegram
Share on email

El virus había hecho tanto daño a sus pulmones que el aire escapaba de su pecho. El oxígeno que lo mantenía con vida, también empezaba a envenenarlo. Le colocaron agujas para aliviar la presión, los dolores, y el cansancio. “Los médicos se habían dado cuenta de que sus pulmones estaban rotos porque tenía manchas en el cuerpo”, lamenta su hija, Karla Cieza Ortiz, quien habló por última vez con su padre cuando este iba a ser trasladado a la Unidad de Cuidados Intensivos.

Mario Cieza Cubas, de 57 años, solía tomarse fotos en los pasillos de Palacio de Gobierno. En redes sociales se mostraba orgulloso de formar parte del equipo de seguridad del Despacho Presidencial. Era el conductor de altos mandatarios; sin embargo, la Covid-19 lo tomó por sorpresa.

El pasado 12 de mayo le comentó a su hija que el cocinero de Palacio había muerto por coronavirus. Para aquel entonces, según su hermana, Diana Cieza, ya presentaba síntomas leves. Con el apoyo de su hija, pasó por una prueba de hisopado en la Clínica Angloamericana. El médico le dijo que sus pulmones estaban bien, pero le dijo que tenía altos los niveles de glucosa.

Cuatro días después, Cieza empezó a tener dificultades para respirar. Transpiraba. Eran las siete de la noche del sábado 16 de mayo y el resultado de la prueba que le habían hecho todavía no había sido publicado. Sus hijas, desesperadas, actualizaban la página de la clínica hasta que este apareció: positivo para Covid-19.

Mario Cieza Cubas trabajaba como parte del equipo de seguridad del Despacho Presidencial.

“No me dejes aquí”

Hospital de Collique. Hervidero de gente. No atendían a Cieza. Karla llegó desde Lurín para llevar a su padre a otro centro de salud. En la clínica Sanna le dijeron que no había oxígeno, ni camas. En la Internacional obtuvo la misma respuesta, la misma negativa. La Angloamericana lo había aceptado en un inicio, solicitando el pago previo de S/ 3.000, hasta que su hija les dijo que padecía de diabetes. Las puertas se volvieron a cerrar.

“Mi papá se ponía peor. Sudaba. Su ropa se mojaba. Estábamos en el carro particular de la pareja de mi hermana. Él estaba en la parte de atrás conmigo”, describe Karla.

Llegaron hasta la Clínica Maisón de Santé, en Cercado de Lima, donde el personal médico le habilitó un espacio en una de las carpas. Su otra hija, que era enfermera, se encargó de cuidarlo ante la falta de personal.

Luego de conectarlo al suministro de oxígeno lograron estabilizarlo. Cieza pasó de tener un 77% de saturación en la sangre –es decir, una hipoxia– a un estable 98%. Pero los cuidados no eran los adecuados.

“Aquí no me dan medicinas. Si me quedo aquí me voy a morir”, eran las palabras que Cieza le decía a su hija. “No me dejes aquí”.

Karla llamó a uno de los jefes de su padre, la comandante Charito Vásquez Chávez, quien le sugirió hablar con mandos superiores. La siguiente comunicación fue con el coronel Joel Leguía Revello. Este, según Karla, culpó a Cieza y lo llamó “irresponsable”, señalando que había asistido a trabajar sabiendo que estaba contagiado.

“Si tu papá sabía que era diabético, para qué viene”, son las palabras que Karla recuerda le dijo el coronel Leguía.

Ella cortó la comunicación. Volvió a llamar a Vásquez. Le dijo que iba a denunciar la situación ante los medios. “Por un acto de irresponsabilidad de la Policía mi papá se enfermó. Jamás le hicieron una prueba rápida”, le dijo.

Vásquez le aseguró que sí se había realizado pruebas rápidas al personal. Karla le mencionó el caso de un cocinero que había fallecido por Covid-19, pero la comandante negó tener conocimiento del caso. “Solamente tu papá y un oficial están contagiados. No tenemos más casos”, le dijo.

Mario Cieza y su hija, Karla Cieza Ortiz.

El cocinero de Palacio

Mi marido iba a trabajar. Yendo a Palacio de Gobierno es que se ha infectado”, cuenta Lourdes Sánchez Cabrera, de 56 años, esposa de Edmer Huamán Artica, el cocinero del Despacho Presidencial que falleció el 3 de mayo, a las 4:00 a.m.

“Exactamente de acá, de mi casa, no salía. Él ha trabajado hasta el último momento. Primero tuvo fiebre. Luego dolor de garganta, pero hasta ese momento no sabíamos bien cómo era la enfermedad”, dice.

Quince días antes de su fallecimiento, Huamán Artica empezó a presentar síntomas. Fue llevado al hospital José Tello de Chosica, donde le dijeron que lo que tenía era una gripe ambulatoria: “Que se tomara un Panadol y que se vaya a su casa”.

Luego tuvo problemas para respirar. Así que fue llevado nuevamente al hospital, donde le hicieron la prueba del hisopado, dando positivo a coronavirus.

“Lo trasladaron al (hospital) Almenara y de ahí no lo pudimos ver más. Nos cerraron la puerta hasta el día en que falleció. Íbamos todos los días para que nos dijeran qué necesitaba. Lo importante era que nos informaran, o por lo menos verlo”, cuenta Sánchez.

El 3 de mayo, ella le envió un mensaje a su esposo, preguntándole cómo había amanecido. No obtuvo respuesta. A las 10:00 a.m. la llamaron para comunicarle la tragedia.

Huamán Artica tenía más de 25 años trabajando en Palacio de Gobierno, a donde se trasladaba todos los días desde Chosica. “Lo que sí incomoda es que desde Palacio no dijeron nada. Solo una tarjeta de pésame y se acabó. La gran ayuda ahora sería que me apoyen para regularizar los papeles de mi esposo”, reclama Sánchez.

Lourdes Sánchez y su esposo, Edmer Huamán Artica, el cocinero del Despacho Presidencial.

Los otros contagiados

“Eso es mentira, hijita”, le dijo Cieza, el 19 de mayo, a su hija Karla. El suboficial de la Policía estaba en una cama de la Clínica Maisón de Santé, cuando Karla le cuenta las palabras de la comandante Vásquez, quien negaba que existan más contagios en Palacio de Gobierno.

En ese momento, Cieza le reenvía mensajes a su hija. En estos se leen los apellidos de otros seis integrantes del equipo de seguridad que también habían dado positivo en las pruebas rápidas: Cuarhuavilca, Salomé, Sánchez, Avendaño, Panduro y Mera.

 

Conversación entre Mario Cieza y su hija, Karla Cieza. El primero reenvía una comunicación del 19 de mayo, donde se advierte que sus compañeros del personal policial tenían conocimiento del contagio de otros 6 miembros del equipo de seguridad de Palacio de Gobierno.

 

En ese momento, a 13 kilómetros de la clínica donde estaba Cieza, Mario Pérez Velarde, de 66 años, es internado en el hospital Aurelio Díaz Ufano, en San Juan de Lurigancho. Pérez Velarde había empezado siendo mayordomo de Palacio, y ahora formaba parte del área de Telecomunicaciones del Despacho Presidencial.

Una semana antes del Día de la Madre, empezó a presentar síntomas: tos, dolor de garganta y pérdida del gusto. “Él no salía a trabajar. Le habían dicho que podía trabajar en la casa. En su trabajo no es posible que se haya contagiado. Incluso le facilitaron computadoras”, dice Massiel Pérez, su hija.

“Me comentó que había varios amigos de su trabajo que habían muerto (por Covid-19). No especificó quién, pero eran trabajadores, cocineros del trabajo, personas de confianza que habían compartido años con él”, recuerda.

Mario Pérez Velarde empezó trabajando desde muy joven como mayordomo de Palacio de Gobierno.

La última comunicación que Massiel tuvo con su padre fue el 20 de mayo, vía WhatsApp. Pérez Velarde le dijo que se encontraba con un poco de malestar, pero estable. Un día después, el 21, repitiendo acaso lo mismo que había ocurrido con el cocinero Huamán Artica, una llamada de emergencia le avisó a ella y a su hermano que su padre había muerto. La hora: 5:00 p.m.

“Tuvo la oportunidad de conocer a varios presidentes de la República. Fue una persona muy trabajadora. Tenía 43 años de servicio, y no tenía planes de jubilarse. Siempre tuvo mucha conexión con su trabajo, que era para él como su segundo hogar”, dice Massiel.

Mario Pérez Velarde y su hija, Massiel Pérez, tiempo antes de pandemia.

El último contacto

A los dos días, el 23 de mayo, los reclamos de Karla Cieza parecieron tener efecto sobre Palacio. Ya sea porque amenazó con tomar acciones legales, o porque anunció que avisaría a la prensa, pero lo cierto es que su padre fue trasladado a la Clínica San Pablo, en Santiago de Surco.

No obstante, el viernes 29 su situación empeora:

Una videollamada toma por sorpresa a Karla, que se encuentra realizando sus compras semanales. No tiene internet. Lleva mascarilla. Sus hermanos le dicen que su papá quiere despedirse. Que se va a UCI. Que no puede respirar. Gracias a la ayuda de un desconocido, logra obtener conexión.

–Hijita, me van a llevar a UCI.

–Viejito no te va a pasar nada. Vas a estar bien.

–Hijita tú eres mis ojos. Tú vas a estar pendiente de todo. Tengo un seguro de vida. Tú tienes que ver ese tema, hijita.

Mario Cieza Cubas hizo una videollamada con su familia el viernes 29 de mayo, antes de ser llevado a UCI.

7: 15 p.m. Hilda González, segundo compromiso y madre de los tres hijos menores de Cieza, de 13, 9 y 2 años de edad, también recibe una llamada. 

–Blanquita, ven llévate mi billetera y mi celular. Cuida a mis hijos. Ahora en mi ausencia te toca cuidarlos. Apóyate de mi hijito mayor. Él es el único que te va a apoyar.

Ella pensó que era una despedida. Entró en desesperación.

–Tranquilízate. Hazlo por los bebes…

Hilda González, madre de los tres hijos menores de Mario Cieza, y la hermana del suboficial, Diana Cieza Cubas.

Lo siguiente fue un silencio de siete días, seguido por la noticia del fallecimiento de Mario Cieza, el sábado 6 de junio, a las 6:55 a.m. Un paro cardiorrespiratorio.

“Mi papá no hubiera fallecido de esa manera si no fuera por la negligencia de muchas personas”, dice Karla, quien se enteró por una llamada telefónica de personal de la clínica. “No lo pude ni ver. Solo pude ver que salía en una bolsa negra”.

“Yo le decía que se quede y que no vaya a trabajar, pero él decidió salir”, lamenta Hilda González. Su hija, de dos años, mira por la ventana. “Espera la llegada de su papá”. Todavía no sabe qué decirle.

Los restos de Cieza Ortiz velados por sus familiares. (Fuente: Facebook)

Comentarios de nuestros suscriptores

Esta entrada tiene 10 comentarios

  1. Juan García Urrutia

    Una gran pena conocí muy de cerca a Juan Edmer Huaman Ártica yo le decía papi porque era como un padre para mí desde que deje de trabajar en palacio en el año 2000 ya le perdí el rastro solo supe que vivía por Chosica, a sus amigos y familiares mis sentidas condolencias

  2. Kelly Armas

    Una gran pena por mi tío Mario Cieza… Siempre estarás en los mejores recuerdos… Así como el día que los enteramos que te fuiste recordamos Cuando venías a visitarnos y aveces pasabas en patrullero y por tu altavoz a mí abuelo le hablaba…. Que gran pena es saber que tenemos un Gobierno incompetente que lo único que sabe es callar y dar la espalda a Todos sus compatriotas eso es inhumano e injusto. No dejemos que sigan prácticamente matando gente. No solo lo hablo por mí tío sino por tanta gente que murió sin ver o sentir a un familiar cerca. Si con un Policía hacen eso como será con un civil. Entendemos que estás pasando una Emergencia mundial, eso quiere decir que TODO Gobierno debe estar preparado para cualquier situación que se nos presente. Así como engañó a tanta gente que en verdad necesitaba esos bonos solo les tocó hasta gente que vive años de años en el extranjero. Necesita solución para no seguir en el atraso de nuestro PAÍS.

  3. Ricardo Pinedo

    Conocí al Sr Mario Pérez Velarde durante los cinco años que trabajé en Palacio de Gobierno. Conocí a una gran persona que cumplía su labor de una manera muy dedicada y profesional. Mis condolencias a la familia.

  4. Carlos

    Indignante y doloroso informe. En los tres casos se da a entender que se les dejó morir. No queda más que hacer con las palabras lo que no ha hecho nuestro precario sistema de salud: darle un lugar a quienes de ninguna manera son solo un frío porcentaje.

  5. Carlos

    Escribir sobre estas tres personas al menos los saca del simple y cruel porcentaje. No queda más que hacer con las palabras lo que no hizo nuestro sistema de salud. Indignante y conmovedor artículo.

  6. Deysi

    El dolor de perder a un ser querido nadie puede comprenderlo. Lamentable, el hecho de que muchos de ellos sean escondidos y dejados como cualquier cosa solo para ocultar la incapacidad de poder solucionar o ayudar en estos casos. En abandono total, así los dejaron.

Deja una respuesta

Únete a nuestra comunidad de suscriptores en Patreon

Apoya el periodismo sin intocables

Suscríbete

Últimas publicaciones: