Fortunata Palomino: Ollas comunes que alimentan a Carabayllo y toda Lima Metropolitana

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Fortunata Palomino: Ollas comunes que alimentan a Carabayllo y toda Lima Metropolitana

Presidenta de la Red de Ollas Comunes de Lima Metropolitana
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Fortunata Palomino no puso peros cuando sus compañeras de las organizaciones de base la propusieron —en elecciones democráticas— como presidenta de la Red de Ollas Comunes de Lima Metropolitana. Era abril del 2020 y ya estaba enterada que las vecinas que habitan los cerros que rodean la Urbanización Torre Blanca de Carabayllo llevaban días sin salir a trabajar. Por ellas, y porque al conocerlas bien sabía que sus hijos estaban pasando hambre, tomó las riendas de la iniciativa y, con el mismo ímpetu que demostró tener de adolescente cuando salió de Ayacucho huyendo del terrorismo, decidió actuar.

Casi un año después de esa decisión, Fortunata, que hasta antes de la pandemia estaba dedicada a dirigir talleres de prevención de violencia contra la mujer, ha logrado coordinar junto a su equipo el funcionamiento de 1832 ollas comunes que benefician a más de 172 mil familias en extrema pobreza.

Obtener los fondos y organizar la logística para ejecutar esta tarea titánica no ha sido fácil. En los cerros no hay agua potable, luz, ni desagüe y la gente vive con ingresos diarios que caen gota a gota, y solo cuando se tiene algo que vender. Si no se sale a la calle, no hay plata, y si no hay plata, no se come. La cuarentena remarcó estas carencias y desnudó lo poco —o más bien, nada— que han hecho las autoridades por los que menos tienen.

Ante la poca disponibilidad de locales comunales, la mayoría de ollas comunes de Lima Metropolitana funciona en espacios públicos y en cocinas a leña. (Foto: Municipalidad de Lima)

“Muchas mujeres de las zonas periféricas son comerciantes, ambulantes, otras trabajan en rubros de confecciones y han sido despedidas”, cuenta Fortunata desde su casa, en Carabayllo, donde se prepara todos los días para cambiar esa realidad, que se repite en el resto de distritos de la capital.

La propuesta de trabajo comunitario de Fortunata se sustentó en la experiencia de las dirigentas y en su velocidad para actuar. Lo primero fue repartir las tareas, de tal manera que cada olla común cuenta actualmente con tres cocineras, dos voluntarias responsables de las compras, una presidenta, una tesorera y una fiscal, que además de supervisar el trabajo de todas, vela por el cumplimiento de los protocolos de bioseguridad. Y es que, si bien en la primera ola no hubo víctimas de la COVID-19, en esta segunda ya se han registrado algunas enfermas y decesos que lamentar.

El proyecto ha crecido pese a las trabas burocráticas. Todavía falta incorporar a ollas comunes, pero algunos alcaldes no quieren liberar los informes donde se especifica las ubicaciones de estas porque aprovechan la coyuntura para hacer clientelaje político, según cuenta Fortunata.

Afortunadamente para ella y su equipo, la Red de Ollas Comunes de Lima Metropolitana es financiada con parte del presupuesto del programa Qali Warma y también por organizaciones sin fines de lucro. Y es que para la lideresa, son las mujeres de base las que saben a dónde debe destinarse las donaciones del Estado para combatir con efectividad el hambre y, por lo tanto, deberían estar a cargo.

Mucho por hacer

Desde el terreno que adquirió a través de un crédito hipotecario después de años de esfuerzo, en donde vive junto a sus cuatro hijas y su esposo, Fortunata sigue planificando lo que será el siguiente gran paso de la Red de Ollas Comunes de Lima Metropolitana.

De la mano de la Mesa de Trabajo de Seguridad Alimentaria de la Municipalidad de Lima y tras haber recibido el apoyo de la Comisión de Inclusión Social y Personas con Discapacidad del Congreso, su equipo consiguió que el Congreso apruebe la Ley N° 31126, que fortalece a los comedores populares y las ollas comunes durante la pandemia por la COVID-19.

Actualmente, solo falta que el Poder Ejecutivo determine cuál será el monto que destinará a estos espacios para enfrentar lo que Fortunata llama “Emergencia alimentaria”. Hoy la esperanza de 172 mil familias en extrema pobreza está puesta en la palabra y compromiso del Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social y del Consejo de Ministros.

El propósito es que se garantice el financiamiento de todas las ollas comunes de Lima Metropolitana, sin excepción durante la pandemia, y que en un futuro se integre una red de ollas comunes a nivel nacional. Y es que un bono y una canasta para una familia de siete integrantes nunca será suficiente. Las ollas comunes unifican necesidades y las combaten de raíz.

Fortunata llegó a Carabayllo hace quince años y se hizo dirigenta para brindar talleres contra la violencia hacia la mujer. (Foto: Alfonso Silva Santisteban)

Así lo afirma Fortunata, quien está dispuesta a hacer cacerolazos y levantar banderas blancas, como ya lo han hecho antes, para hacer escuchar su voz. “El Ejecutivo tiene que darnos ese dinero porque eso no es una dádiva o un regalo, es un derecho. Esta gente que está en los cerros no tiene la culpa, ellos no quisieron ser pobres, pero por tanta corrupción que existe, porque no hay inversión en educación, están ahí; con la educación se sale del sótano, se sale de la pobreza”.

Fortunata, considera que llegó a esta ciudad exiliada desde Ayacucho, jamás pensó que su vocación de servicio y su fortaleza la llevaría a ocupar un puesto clave en el país durante una emergencia sanitaria. Su historia, marcada por el machismo y por episodios de lucha constante, la hace sentir orgullosa. “Cada día, cada trabajo que hemos hecho, cada logro, ha sido en base de un sacrificio que ha dolido mucho”.

Sueña con que más mujeres reproduzcan el discurso de empoderamiento en el que cree y que confíen en sus habilidades para independizarse y ayudar a otras peruanas. “Todas somos valiosas y tenemos que seguir mirando hacia adelante, pensando que existe un futuro mejor, las que nos siguen ya no serán como nosotras, serán mejores, con educación y con trabajo digno”, asegura, apostando todo su trabajo en las generaciones que vendrán.

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