Milka Franco: Mujeres de Cantagallo compartiendo arte, sanación y fortaleza

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Milka Franco: Mujeres de Cantagallo compartiendo arte, sanación y fortaleza

Coordinadora del Colectivo Shipibas Muralistas

Lucía Calderón

lcalderon@elfoco.pe
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Milka Franco recuerda el día en que su padre, dirigente de la comunidad de Amaquiria de Alto Ucayali, la sacó a escondidas de casa para llevarla a Lima. Era de noche cuando cruzaron el río en una balsa huyendo de amenazas terroristas. Así, esquivando varios obstáculos en el camino y después de días de viaje, llegó a Cantagallo, en la rivera del Río Rímac, junto a otros cientos de shipibos que se movilizaron escapando de la violencia.

Dejó la selva cuando era una adolescente, pero los conocimientos de sus ancestras quedaron intactos al igual que su capacidad para crear inspirándose en las formas de Amazonía. Milka, como el resto de mujeres que conforman el comité de Madres Artesanas de la Comunidad Shipiba de Cantagallo, es artesana y se dedica al bordado, a tejer y a la bisutería, una habilidad que antes de la pandemia le permitía generar ingresos para mantener a sus hijos y a su padre.

La llegada de la COVID-19 y la cuarentena decretada en marzo del 2020 la obligaron a detener todas sus actividades. Esto, sumado al cierre de ferias y a que le era imposible vender sus productos en las calles por la inmovilización obligatoria, fue una estocada a su economía familiar.

Milka lista para muralizar los exteriores de su taller junto a las Madres Artesanas de la Comunidad Shipiba de Cantagallo. (Foto: Alfonso Silva Santisteban)

No existe data oficial, pero Milka asegura que al menos el 80% de los shipibos que habitan Cantagallo se enfermaron de coronavirus y no pudieron trabajar durante semanas. “Ha sido muy triste, desesperante, y a la vez había mucha necesidad”, cuenta desde uno de los talleres de la comunidad, donde, una vez superada la enfermedad, ahora se reúnen las nueves madres que voluntariamente decidieron fundar el Colectivo Shipibas Muralistas.

Se trata de un grupo de mujeres indígenas que muralizan paredes con diseños kené y que en cinco meses ya han realizado 17 intervenciones en diferentes distritos de la ciudad. Esta actividad se ha convertido en una alternativa a la venta de artesanías: pueden hacerla al aire libre, seguir protocolos de bioseguridad y recibir aportes de otros artistas urbanos asentados en Lima que admiran su trabajo.

Milka asegura que el colectivo es un espacio de intercambio cultural que no solo le permite generar ingresos para las ollas comunes dentro de Cantagallo, sino que también reconforta su espíritu y alivia las preocupaciones propias de la pandemia. “Difundimos, visibilizamos y transmitimos nuestra cultura, muralizamos para sanar, para resistir y para compartir y también para que nosotras podamos solventar las necesidades que estamos pasando durante la pandemia en la comunidad”.

El Colectivo Shipibas Muralistas es el resultado final de una extensa temporada de lucha para superar los contagios de COVID-19, que durante la primera ola azotó a Cantagallo. En aquel momento, los doce integrantes de la familia de Milka estuvieron muy enfermos, incluyendo su padre, un episodio que todavía recuerda con preocupación. “Ninguno ha ido al hospital, nos hemos curado entre nosotros y si yo veía al vecino que ya se estaba muriendo, si yo ya estaba un poco mejor, le llevaba remedio y así sucesivamente nos curábamos, hasta los hermanos andinos nos han buscado”, cuenta.

Las mujeres del Colectivo Shipibo Muralista tienen jornadas de integración con otros artistas, a quienes invitan a la comunidad de Cantagallo. (Foto: Alfonso Silva Santisteban)

Si para sanar el cuerpo no dudaron en recurrir a su legado ancestral, cuando fue momento de reponerse emocionalmente y buscar soluciones para salir de la crisis económica, también apostaron por los conocimientos de la comunidad. “Yo llamé a mi comadre y le dije que quería hacer contactos y pintar, y que necesitaba materiales porque quería salir a trabajar, así agarré las fuerzas para enfrentar esta pandemia y formamos este grupo”.

Milka se comunicó con el antropólogo Francesco D’angelo, quien se encargó de gestionar el primer mural del colectivo en Barranco, donde lograron alquilar un pequeño taller para guardar material. Lo demás llegó gracias a esfuerzo colectivo.

Contra el virus y la discriminación

Durante estos cinco primeros meses de trabajo, Milka y sus compañeras han recibido el apoyo de miles de personas a través de las redes sociales, pero un episodio gris interrumpió una jornada de muralización en Barranco.

Una mujer se dirigió con calificativos racistas y discriminatorios hacia Milka y el resto de integrantes del Colectivo Shipibas Muralistas, hecho que fue condenado por el mismo alcalde del distrito y los vecinos, que en un acto de solidaridad importante se acercaron a disculparse por lo ocurrido. A Milka le costó varias lágrimas y reflexiones superar lo ocurrido. Hoy zanja el tema apostando por resaltar que todos los peruanos y peruanas somos iguales.

Durante la primera ola de la COVID-19 en el Perú, Milka, su padre y sus hijos, enfermaron. (Foto: Alfonso Silva Santisteban)

“Usted escucha a otras personas ser discriminadas, pero vivirlo en carne propia es el peor momento que puedes pasar en tu vida, hay gente ignorante que no sabe de nuestra cultura y riqueza del Perú, gracias a todos los que nos dieron esa energía de seguir adelante”. Milka convoca a que sean cada vez más las personas que se animen a llevar en sus paredes las raíces, el coraje y la identidad de las mujeres shipibas de Cantagallo.

“Entre muchas nos hemos levantado de esta pandemia y lo mismo hacemos en nuestros murales, ayudándonos apoyando y practicando nuestra cultura, somos nosotras las mujeres las que ponemos las manos y eso transmitimos fuerza en cada mural”. Con estas palabras se reconoce como luchadora por sus hijos, por su familia y por sus raíces. Promete continuar con esta misión, que la empuja a perfeccionar su arte y a seguir poniéndole a cada pincelada orgullo, historia y mucho corazón.

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