En medio de una de las peores crisis de este país, hemos visto cómo se ha complotado en contra de nosotros. Hemos visto explícitamente cómo no existen las ideas ni los principios, sino solamente las ansias de poder.
Anoche me puse a pensar en lo placentero que es estar ilusionado. Me refiero a esa sensación de navegar condenadamente felices en una fantasía, de desear profundamente que nuestra realidad más inmediata se transforme en una cosa hermosa. Quiero decir: el acto de cerrar los ojos y ver en el
Han muerto tantas personas en los últimos meses, que la vida parece haber perdido territorio, y el azar últimamente parece jugar más en favor de la muerte que de la vida.